NO ES GASTAR EN DEFENSA, SINO PROTEGER NUESTRO MODO DE VIDA
Publicado por Rafael Simancas
Estamos en un momento crítico de la historia de este siglo XXI. En el gran tablero de la política mundial se dilucidan las reglas del juego que determinarán las relaciones entre los pueblos, el comercio internacional, la promoción de las democracias o las autocracias, la defensa, la indiferencia o la persecución de los derechos humanos…
En definitiva, se dilucida en estos días si viviremos en un mundo regido por las reglas que aseguran el bien común o por la ley del más fuerte.
El Gobierno de Pedro Sánchez trabaja para que España se sitúe en el lado correcto de la historia, una vez más. Y los actores de la política nacional no pueden fallar a los españoles en esta tesitura tan excepcional.
Desde la Transición Democrática, España se ha caracterizado por ser un país de fuertes convicciones democráticas y europeístas. Un país decidido a defender el modo de vida que identificamos con esas dos ideas, la democracia y el europeísmo: la paz, la libertad, la igualdad, los derechos humanos y el Estado de Bienestar.
Por eso preocupa tanto el discurso que practican algunos protagonistas de la política doméstica en estos días cruciales. La extrema derecha de Vox forma parte del caballo de Troya que pretende acabar con los fundamentos democráticos que han identificado a Europa desde la Segunda Guerra Mundial, y la han convertido en referente mundial de libertad y derechos humanos.
La derecha del PP se muestra ante la opinión pública atrapada en la doble tenaza de su ansiedad por el poder y los pactos con Vox que le permiten gobernar en comunidades y ayuntamientos. Lamentablemente, Feijóo antepone el afán de dañar al Gobierno de España a su obligación de atender el interés de su país y del conjunto de Europa en esta hora crucial. Mientras Macron, Merz, Von der Leyen y el conjunto del PP europeo rompen con la ultraderecha y apuestan por una Europa de la paz y los derechos, el líder del PP mantiene pactos incomprensibles con los enemigos de todo lo que representa el ideal europeo.
Algunos de los debates que ahora se suscitan resultan inquietantemente parecidos a los que tenían lugar en algunas cancillerías y parlamentos europeos mientras la Alemania de Hitler invadía naciones vecinas y extendía su imperio de terror.
No se trata de elegir entre gastar en tanques o gastar en hospitales, como se ha dicho. Se trata de elegir entre defender nuestro modo de vida o arriesgarnos a que los enemigos de Europa, los de fuera y los de dentro, acaben con nuestros hospitales junto con nuestra democracia y nuestras libertades.
La izquierda debe combinar su pacifismo irrenunciable con el análisis responsable de una realidad que nos aboca a defender el progreso civilizatorio que tan decisivamente ha ayudado a conquistar. El pacifismo eficaz no está reñido con la responsabilidad de quien representa a la ciudadanía en las instituciones que han de velar por los derechos y las libertades de todos; la ingenuidad, sí.
Invertir en defensa no equivale a gastar en armas. Hoy, las políticas de defensa y seguridad incorporan necesariamente otros muchos aspectos decisivos, como la ciberseguridad, la inteligencia coordinada con los aliados, la actualización tecnológica en infraestructuras críticas, la garantía de no intromisión en procesos electorales, la lucha contra la desinformación, y un largo etcétera, que poco tiene que ver con la caricatura de cañones y fusiles. Además, la inversión defensiva en el sur de Europa no tiene los mismos objetivos, ni puede tener los mismos elementos, que el gasto de defensa en los países que comparten frontera con Rusia.
El Presidente Sánchez ya ha garantizado que el cumplimiento de nuestros compromisos con la seguridad y la defensa de España y del conjunto de Europa no conllevan ni conllevarán recortes sociales de tipo alguno.
Estos tiempos requieren que todos estemos a la altura de lo que nos jugamos.
Por su parte, algunas formaciones progresistas han quedado varados en el discurso del no a la guerra, OTAN fuera y la negativa dogmática a la inversión en seguridad y defensa. Como si bastara decir no para evitar que Putin invada países y someta pueblos a su dictadura. Como si el debate hoy fuera el de OTAN sí o no, mientras Trump nos aboca a defendernos por nuestra cuenta. Como si invertir en seguridad y defensa fuera cosa distinta a invertir en la protección de nuestras familias.